La soledad del dromedario

"Hans Silva para sobrevivir trabaja de noche en un supermercado, que le posibilita esconderse del mundo diurno, para huir de la vigilia vigilante de la discriminación, donde sería visto con desprecio por su joroba"
Portada La soledad del dromedario, de Daniel Villabón Borja, También conocido como Roberto Balbastro.foto:archivo


En la población mayoritaria ávida de leer, está creyéndose que eso de literatura son aquellos libros voluminosos, de memorias farragosas cargados con anecdotarios criminales, de la llamada “sicaresca” y de los testimonios de vida de los secuestrados. La gente que medio lee, está convencida que es la literatura. Además, etiquetándola como colombiana. Pienso alarmado que en la educación, desde las aulas, hay una falla estructural, un hueco negro por él que se tragó el conocimiento seleccionado que constituiría saber distinguir el cuerpo verdaderamente literario, autónomo y afincado en la imaginación, que desconoce, por supuesto, la buena y excelsa Literatura en contravía minoritaria de esa corriente generalizada de textos realistas testimoniales, pero escasísima, en la imaginación densa y autónoma que hace juego un autor, creando un mundo posible de pura ficción. Y es allí donde orbita esta novela breve.

La invitación anónima, que recibe para ir a una fiesta motiva a Hans Silva, a contarnos su mundo aparte y extrañado hasta en sus pulsaciones eróticas, que lo hace de la manera más natural y con todas las mejores palabras del idioma, cuidando una prosa limpia de ripios, y alcanzando cierto nivel lírico, manteniendo en cada capítulo una enunciación casi que calcada de la novela madre de todas las novelas: El Quijote.

Hans Silva para sobrevivir trabaja de noche en un supermercado, que le posibilita esconderse del mundo diurno, para huir de la vigilia vigilante de la discriminación, donde sería visto con desprecio por su joroba.

La oscuridad de la noche crea un manto atávico para realizar todo lo prohibido y Hans Silva los comete desde su modus vivendi. Los episodios son descritos con naturalidad y sin cargas de culpa de victimizarse por su gibosidad, como llama reiteradamente su atrofia física.

Es en la noche donde Hans Silva siente una sensualidad espesa por recorrer su camino, su destino, por llamarlo sin cargas de fatalidad lleno de penumbras sórdidas pero deslastradas de malignidad. Al contrario, mantiene un tono risueño contándonos los episodios más eróticos sin caer en la procacidad de simplismos explícitos de una eyaculación normal. Además, nos cuenta sueños de él con su gibosidad como un plato fuerte que se sirve en una gran comilona, en otra fiesta que sucede en el sueño de Hans Silva.

Y así el relato avanza con un tono completamente onírico, de los sueños, donde se pierde la frontera de ese trasunto existencial que nos convoca a vivir siempre que llamamos realidad; desde la primera línea que recorremos de la mano con las andanzas de Silva dentro del cuerpo de la brevedad de la novela, que conste, que me sentí en un cuento largo pero que bajo los formatos clásicos formaría parte de la llamada novela breve, o Nouvelle que llaman los franceses.

Pero hay un algo que me dejó, en ascuas, el final no está desarrollado, al interior de la lógica natural dentro de la historia de esta densa y fluida novela breve.

Cuando leía, me hacía recordar también las resonancias de ese otro Jorobado de Victor Hugo.

Pero recibo con satisfacción, que, por fin hallé un personaje literario que está en un mundo aparte, y lo está tanto, que para mí felizmente no entra en ninguna categoría de la llamada literatura colombiana porque esta novela breve si está dentro de la verdadera Literatura que hay que leerse.

La soledad del dromedario
Premio Nacional de Novela Corta 2010
Taller de Escritores Universidad Central (TEUC)
Daniel Andrés Villabón Borja
Editorial Universidad Central Bogotá, Colombia
140 páginas
$15.000

El logo del buscador está dedicado a nuestra fiesta nacional que se celebra hoy, 20 de julio

Homenaje de Google al 20 de Julio, Fiesta de la Independencia de Colombia

Como parte de la celebración de la Independencia de Colombia, el logo del buscador estará dedicado a nuestra fiesta nacional con una imagen realizada por la ilustradora colombiana Claudia Rueda, ganadora del Premio de la Sociedad de Ilustradores y Escritores para Niños de Estados Unidos y escritora de algunos de los más reconocidos libros educacionales en entidades como Unicef.
La artista gráfica señalo que con este 'doodle' (como se conoce al logo de Google en la Red) se hace un homenaje a personajes de la historia nacional como José Celestino Mutis, gestor de la Real Expedición Botánica y de Gabriel García Márquez al recordar sus afamadas mariposas amarillas.
Google ya había adornado su logo con temas colombianos anteriormente, como la conmemoración del Día de la Independencia en 2008 y en 2010, y con ocasión del pasado Festival Vallenato.

Rock al parque:naturaleza viva...

En el marco final de Rock al parque se dio una serie de foros llamados Cultura-rock-ciudad

Durante mi angustiosa adolescencia fijé que música rock era una forma sutil pero agresiva de la penetración cultural del imperialismo norteamericano. Pero al leer a un escritor caleño para más señas, Andrés Caicedo, mis límites ideológicos se diluyeron bastante, porque, en su obra, Qué viva la música cumplió casi la misma función pedagógica que estaba presente por la época: el escritor militante de compromiso social; Caicedo lo hace cabalmente(no voy aquí a analizar su obra).Uso este contexto para decirle al anónimo lector de estas glosas, que durante tres intensas jornadas participé como oyente y fotógrafo, en cultura-rock-ciudad, en el marco de Rock al parque. Evento de Bogotá, que ha establecido records nacionales de asistencia y ha generado nuevos aspectos alrededor del rock local. Pues van aquí las glosas como una especie de enviado especial que nadie me ha pedido.


Rock al banquillo I

Álvaro González, alias "El Profe" era el moderador para que Mario Duarte y Juan Carlos Rivas nos contaran cómo surgió La Derecha en los años coincidentes de los inicios de Rock al parque. De oídas, supe de la existencia de esta banda porque residí entonces en el mismo barrio, y a Mario Duarte lo catapultó en la escena televisiva el personaje de Nicolás Mora en la telenovela Betty, La Fea. Del anecdotario se dijo mucho, que el rock y las melenas y el fumar marihuana tenía una postura contestaria y de rebeldía frente a sus mayores, y entre el combo de amigos se agrupó La Derecha( pensaba en el recursivo uso de las palabras en las bandas nacionales, pues, la otra derecha, la político militar económica siempre ha estado tan presente y combatiendo compañero TODA la vida en la tensa escena social para muchos males en la sociedad colombiana). Al final, los relámpagos de los medios y los aplausos no se hicieron esperar y yo quedé con la molesta sensación que había ido a una reunioncita familiar para recordar nostálgico lo que nos hacen los años irremediablemente a todos: volvernos viejos…

Rock al banquillo II

En el entretanto salí al baño y, al regreso, de paso me detuve al refrigerio de rigor: un suculento falafel, con un delicioso sorbete de mango helado, casi congelado, pero de aspecto noble que removí frecuentemente y a sorbos cortos terminé la ración alimenticia. Cuando entonces vi a un joven melenudo con gafas. Pensé que el hábito sí hace al monje, porque a simple vista el joven era un rockero. Después resultó ser Eugenio Chain, entrevistador del músico líder de la agrupación norteamericana Fischerspooner que se desgranó atropelladamente, en la traducción simultánea, todo su discurso iconoclasta del medio artístico y musical, por supuesto. Además, que disparaba una idea tras de otra, y con una carga de profundidad como las olvidadas minas submarinas diciendo incorrectamente lo que hacía, y de sus métodos toderos de asumir el arte como expresión muy personal, donde le noté cierto tufillo de sofismas por escandalizar, en esta onda de convergencia tecnológica que se tomó al ser humano hoy en este planeta sufrido de la tierra.

Rock al banquillo III

Pablo Carbonell, el hacedor de los Toreros Muertos, entraron entonces en la movida madrileña con un viento profundamente renovador en el llamado destape español, del cual se siente activo partícipe. Además, formador de bandas especiales con una carga de expresión inolvidable para los que ya alcanzamos la cincuentena, que con sus líricas nos hacen recordar aquellas letras irreverentes de la aguita amarilla y Pilar con sus tetas…Y sentir cómo se hizo participante también en el rock colombiano de la época contribuyendo como productor en la grabación de la banda bogotana, Hora Local.

La segunda jornada, se caracterizó, en que todo nos llega-llegamos- tarde hasta la muerte, según el comentado verso del inolvidable poeta chiquinquireño, don Julio Flórez.

En esta charla, más que debate puntual, pues no quiero usar otra horrenda palabra que usó Andrés Hoyos moderador de turno, inicio el tema a conversar: la crisis y resurrección del periodismo cultural pues los suplementos literarios desaparecieron de la prensa escrita hace tiempos, las revistas literarias, como el malpensante, organizadora de estos foros, sobrevive por puro capricho de su dueño, digo yo. La crónica, que alguna vez en Colombia floreció como hervidero y taller de grandes escritores y novelistas por ende, se arrinconó, en revistas especializadas, a las que le revuelven farándula y desnudos para vender los ejemplares.


En amplio resumen, se dijo siempre lo mismo que oído desde que inicie desde mis lejanos años de adolescencia como participante activo del espectro cultural. La pregunta que abrió fuegos decir que si una lámpara del techo del teatro Colón suscitó tal correr de tinta, sin que haya sangre en nada, porque, en lo puntual y esencial de los asuntos del periodismo, se repite y se repite lo mismo. Tal vez, lo que brilló y quedó flotando en el ámbito y en las mentes participantes fue que hoy por hoy, la fuerza arrolladora de los medios alternativos puso a la mano de los que quieren expresar algo, mediante la maravillosa red mundial de internet, con los millones de blogs hizo crisis en el individuo llamado periodista porque la gente, en este caso los jóvenes, si no leen en los medios tradicionales y los soportes de papel, si están íntimamente conectados ya, para envidia de toda la estructura industrial de los medios de prensa escrita, que incursionan entre ensayo y error, tratando de penetrar más contenidos específicos ,juveniles con nichos especializados porque no hay derroteros ni temas a seguir. Por tanto ser periodista es lo que está en crisis en la forma tradicional, porque la convergencia tecnológica lo obligó a morir entre el toderismo, o asimilarse a los nuevos medios alternativos y casi revolucionarios que introdujo la infinita nube creciente de la red : hacer sentir su formación universitaria, y superar aquello que siempre se ha dicho del periodista: un centímetro de profundidad en un mar de conocimientos, pero…el debate sigue y seguirá latente.

Después se pasó a la trayectoria profesional de dos fotógrafos argentinos especializados como son Nora Lezano y David Sisso, profesionales de la fotografía de expresión artística con imágenes que han creado carátulas y portadas, y carteles para bien o mal, que con ellas han creado iconografía entre el imaginario colectivo de las estrellas argentinas del rock, que en sus medios han enriquecido la forma y el concepto con los hacedores del rock, y por extensión en la publicidad.

En cierto roquero ideal, se conjuga ahora la necesidad de la expresión music al con la de hacer crónica como de batallar por conseguir financiamiento en sus proyectos de vida y hacer del rock expresión artística y de vida; o sea, vivo de lo que hago, y hago lo que me gusta. Entonces el segmento de la tercera jornada con el foro dedicado a los cronistas, blogueros y roqueros, los tres cargos se conjugan y confluyen en una sola persona para el bien decir, o mal decir mejor cuando mal escriben, o la vida de libélula efímera, que tantas veces contiene el espontáneismo de inventarse un nombre , y a partir de allí generar contenidos, en su blog, recordación, por supuesto, hacer negocio y vivir de ello.


Lo puntual, que el periodista, en el medio tradicional se lo obliga a batallar con el toderismo de siempre, que no tiene temas vedados, pero que con la irrupción de las nuevas tecnologías y la creciente ola de los blogs, en las mismas plataformas de los mismo medios que trabajan pueden expresarse libremente entre comillas, se dijo, pero que notan que allí si pueden expresar lo que quieran, otra vez, más comillas.

Y para terminar, el foro, se dio rienda suelta en las músicas recordadas porque cada uno construyó su imaginario roquero y musical desde las letras y melodías que oyeron desde los The Beatles, donde señaló muy puntual Barberena, periodista mexicano, es que el rock va y viene, ya no hay más estridencia que la que ya alcanzó y todo está en una infinita fusión de géneros que vislumbran que el rock se instaló en la cultura del siglo XXI como la expresión musical de un siglo XX que agonizó en su esplendor industrial y de medios de crear entretenimiento que lega la cultura ya propiamente mediática de las estrellas.

Queremos rock gritaba entonces en la televisión un personaje inolvidable de Héctor Suarez, comediante mexicano en los años 70 y 80. Durante diesiciete años una ciudad como Bogotá, en intensos cuatro días trasuda rock en su juventud ávida de expresar su malestar con la sociedad y su entorno mediante acordes metaleros, de pura electrónica, de fusiones tropipop, de búsquedas con las más tradicionales temas de la llamada música vernácula, y por supuesto en una sociedad atravesada de tanta tensión social donde el rock musicalmente hablando puede expresar el malestar de su cultura y su sociedad cada vez más asimilada a esta expresión cultural.

Participantes:Mario Duarte, Álvaro González El Profe,Juan Carlos Rivas; Eugenio Chahin, Fischerpooner; Mario Jursich, Bruno Galindo, Pablo Carbonell;Andrés Hoyos,Miguel Barberena, Álvaro Buela, Marcel Ventura, Mariángela Rubbini,Nicolas Morales; Nora Lezano, David Sisso; Ángelica Gallón,Fernando Mujica, Juan Manuel Gómez, Carlos Solano, Jorge Pinzón, Ángel Unfried; Eduardo Arias y Sandro Romero Rey.
fotos y texto:Marcelo Del Castillo

Biblored, La Red Capital de Bibliotecas Públicas se suma a esta agenda académica y los invita a la conferencia Bogotá, Una década de transformaciones: Rock al Parque. Con el invitado especial Daniel Casas, ex director de Rock al Parque (2005-2009) y reconocido crítico en el ámbito musical. Nos contará el impacto y el tras escena que ha tenido la construcción de la atmósfera musical de Rock al Parque en nuestra cultura y el desarrollo del concepto de ciudad.
Centro Cultural Biblioteca Pública Julio Mario Santo Domingo. Teatro Estudio
Fecha: Miércoles 13 de julio a las 5 p.m.

Al otro, a Borges, El Eterno

Hoy por hoy, en los ámbitos universitarios, se ha creado tal encriptación de la literatura de Borges que para llegar a entenderlo se inventan seminarios cuando lo propio es simplemente leerlo tal y cual lo leí, y lo sigo leyendo, sin arandelas de sistematización ni metodologías de categorización de difícil
Al otro, a Borges, el Eterno, es a quien le ocurren las cosas...


Tengo con Jorge Luis Borges, un deslumbramiento fascinante desde aquella remota tarde de mi adolescencia lejana, en mi formación de lector consumado y consumido cuando llegó a mis manos un librito de ensayos titulado, Qué es el budismo. Leí comprendiendo enteramente su erudición y su lógica metafísica, pues en la historia de la literatura, no hay, que yo conozca otro escritor tan preocupado, literariamente hablando, de la filosofía y sus expresiones más altas de los dioses y por supuesto, Dios.

Aquí cabe valerse de la propia expresión acuñada por él, que dice que, la metafísica es una rama de la literatura fantástica. Muchos años después, volví a usar esta expresión de Borges. La oyó una confundida estudiante de filosofía. Extrañada con tal expresión se la dijo a su profesor de carrera, y suscitó tal inquietud y preocupación en el ámbito universitario de la facultad que después programaron un exhaustivo seminario al que yo- felizmente- no fui invitado para tratar de llegar a entender a Borges.

Como una especie de burla y con un cierto síntoma de aversión siento cuando veo el brotado vientre de una embarazada, sé recordar la frase que dijo el Heresiarca, que la copula y los espejos son abominables porque reproducen a los hombres…

Hoy por hoy, en los ámbitos universitarios, se ha creado tal encriptación de la literatura de Borges que para llegar a entenderlo se inventan seminarios cuando lo propio es simplemente leerlo tal y cual lo leí, y lo sigo leyendo, sin arandelas de sistematización ni metodologías de categorización de difícil.

Después leí TODA su portentosa obra que en el orden de publicación desde su primer libro de cuentos titulado, asimismo, Ficciones, que para la época en Argentina, su natural territorio de lectores, alcanzó un notable reconocimiento. Estoy hablando de 1944 cuando yo todavía no estaba en el plan cósmico de la existencia.

En 1957, Borges ya tenía un reconocimiento internacional, gracias a los franceses. Imagino como yo quedaron deslumbrados de su prosa poética, clara y metálica. Por aquellos años de mi formación de lector,1973 recuerdo haber conocido a un pretendido aspirante a escritor que sólo buscaba la fama a como diera lugar, y no creaba obra, solía decir entonces que Borges nació en una biblioteca y de ahí su pasión por la lectura y escritura. Hasta tenía razón, ese perdido y oscuro escritor que quiso emularlo e intentó hasta copiarlo pero nunca alcanzó la profundidad original ni el tono tan único que trasciende la prosa inconfundible de Borges.

Años después en un taller de otros aspirantes a escritores, se asomó otro advenedizo escritor más a la fama que a la literatura cuyo nombre se volvió para mi inolvidable porque produjo unos textos que fueron publicados, valiéndose de las palancas de un crítico hoy fallecido, en un suplemento literario de un periódico de circulación nacional que durante muchas semanas mantuvo un aviso que buscaba un director. Ese inolvidable nombre es Hildebrando Velandia. Era que sus cuentos estaban cruzados de una rara mescolanza de la prosa de Rulfo con la imaginación de Borges. Yo no sé si ese nombre era de un escritor. Jamás volví a saber de él. De pronto cayó en la vorágine que empezaba a despertarse en el país, estoy hablando de los años 80 de entonces en el tráfico de esmeraldas , y por extensión, un pasito más adelante, al sangriento narcotráfico.

Recuerdo que compré La metamorfosis de Franz Kafka, en la edición de la editorial argentina Losada, donde en cuyos textos Gabriel García Márquez se descubrió escritor. Lo extraordinario fue que subrayé ciertas palabras que desconocía(Borges años después diría en una entrevista televisiva que hay que escribir con las palabras que conoce el lector y no obligarlo a ir al diccionario) Al ver mis palabras subrayadas, un hermano me dijo que nunca raye los libros, sino que extraiga en nota aparte lo que quiero del libro.

Por último, un sociólogo, metido a tallerista de un tradicional café literario de una biblioteca pública, se fascinó con la literatura de Borges, que exhibió un libro, que extrañamente era una traducción de una especie de autobiografía vertida del inglés, donde en este idioma, el argentino más universal empieza a contar cómo siendo bachiller en Ginebra, empieza a aprender por su cuenta, el alemán que se le hace un idioma preciso, y el francés le disgusta, y decide cuando empieza a escribir apropiarse de los ecos de estos idiomas y enriquecer la lengua, esa lengua de otro sabio escritor, Cervantes.

Y qué decir que otra argentina que se colombianizo tanto, la inolvidable Fanny Michey, usó en el primer Festival Iberoamericano de Teatro que ella fundó, sabiendo que por aquellos años se vivieron las primeras explosiones del sangriento narcotráfico del tristemente célebre Pablo Escobar Gaviria. Para realzar el alicaído autoestima colombiano, extrajo del cuento Ulrica, la expresión que dice un personaje, Qué es ser colombiano, Ser colombiano es un acto de fe.

Siempre diré que el mejor homenaje a un escritor que se fue de este mundo, es leerlo porque así sigue más vivo eternamente entre nosotros, los que todavía estamos vivos y seguimos leyendo simplemente a Borges.

Entonces yo apropiado de todo lo borgeano que ha escrito el propio Borges, empiezo a decir, parodiando su cuento Al otro, a Borges, el Eterno, es a quien le ocurren las cosas…

El ruido de las cosas al caer

"Hay un ruido que no logro, que nunca he logrado identificar: un ruido que no es humano o es más que humano, el ruido de las vidas que se extinguen pero también el ruido de los materiales que se rompen.Es el ruido de las cosas al caer desde la altura, un ruido interrumpido y por lo mismo eterno, un ruido que no termina nunca"
Portada de El ruido de las cosas al caer, novela de Juan Gabriel Vásquez.foto:editorial Alfaguara.

Precedida de los brillos y titulares del premio Alfaguara, y yo rompiendo mi conducta de avesado lector: no leer libros de premio, leí de una sentada; mejor, varias sentadas, porque el texto es tramador, y a uno no lo deja aburrirse. Así cumple su cometido, lo cual debe ser la esencial condición de toda novela: no aburrir al lector. Además, El ruido de las cosas al caer, hermoso y poético título cumple ya una vieja premisa básica que debe tener toda novela: hablarnos de las cosas que sólo la novela puede decirnos, y aquí se trata de la intimidad de las vidas de los personajes. Para más señas, que sufren las consecuencias de sus decisiones privadas que van a derivar en vidas que se frustran, donde nacen criaturas, y sus madres contaron una versión, lo más parecida a las historias de los cuentos infantiles que igualmente lo tiene.
El narrador nos cuenta el rollo de esas vidas atravesadas de mentiras. Frustraciones de una época signada por las bombas de lo que se llamó el narcoterrorismo y sus violencias. Tratándose de Colombia nunca se sabe qué grupo violento le dió por poner las bombas, así éstas también provengan de oscuros agentes del propio estado.Sobre todo miedo: el miedo de morir porque sí, al voltear cualquier esquina de una calle transitada como verdaderamente ocurrió en la ficción al narrador. Pero no nos relata un thriller en el mejor de los sentidos de una novela criminal.No. Antonio Yammara es un profesor universitario de derecho, ironia notable, por cierto;(la novela está llena de contrastes: Maya, es dueña de un apiario); que por ese gusto que muchos hombres comparten juegos, en este particular caso: el billar, se hace amigo de Ricardo Laverde, que está pintado muy bien como personaje eje de toda la trama novelesca. Y desarrolla la anécdota de este hombre enigmático, que con él, y en el pasado remoto de sus antepasados, se irá al principio de la aviación colombiana-la parte histórica muy sustancial, y bien contada del relato- y con ello nos va desgranando los episodios de cómo Colombia se fue por el despeñadero al poner a una generación y cruzarla en el ojo del huracán de un problema algido en los últimos treinta años: el inicio privado del narcotráfico y su contraparte:la guerra contra las drogas.
Y la presencia fantasmal, de Pablo Escobar Gaviria, tristemente célebre, por haber implementado el tráfico de cocaína en una escala industrial, y por consiguiente, ante su arrogancia criminal y sanguinaria ya por todos conocida y repudiada. Y de esa decadencia derivada en su hacienda en ruinas, es un hipopótamo cuya noticia de su sacrificio da la chispa para arrancar con el relato, donde el narrador hace vividos homenajes a la aviación: no son gratuitos los epígrafes de Saint- Exupéry y de la poesía de Aurelio Arturo. Con una prosa cuidada llena de aciertos literarios de singular belleza: "...quitó el forro de la mesa, no de un tirón, como lo hacen otros billaristas, sino doblándolo por partes, con meticulosidad, casi con afecto, como se dobla una bandera en un funeral de Estado"; de resonancias muy poéticas, en páginas tras páginas del relato, con un tono poético y poetizado que tiene mucho del tono de El otoño del patricarca, lo mismo el homenaje a esa otra novela que está equivocada en su portada con la letra e puesta adrede al reves, que es el portento bíblico de la narrativa latinoamericana titulada Cien años de soledad. Crítica elocuente a su ciudad, Bogotá: "ciudad de gente solapada y ladina".Las descripciones de los pisos térmicos de los climas de Colombia alcanzan una cierta poética de la humedad y el calor, ha propósito de la ola invernal que sufrimos recientemente.
Vásquez ha asumido con toda responsabilidad de novelista- si es que los novelistas tienen alguna responsabilidad social, que no es otra que escribir bien- la trama de una novela que inicia y sigue el hilo de contarnos los fragores íntimos que derivó el narcofráfico en muchísimas vidas, en una generación completa, en un país, que sufre el estigma como el lastre de ser una potencia universal en el tráfico de este alcaloide.
Pero aquí no se trata de una consabida trama detectivesca de una novela negra y criminal, sino en la investigación y puesta en escena de los episodios íntimos de unas vidas anónimas, que veían en los noticieros de televisión y oían en la radio el estallido de las bombas y los asesinatos de notables como una cosa ajena e indiferente; recoge, creo: algo así como nosotros de rumba mientras el país se derrumba, de allá afuera hasta que le toca en carne propia vivir y vivimos esta parte trágica y violenta en las vidas reflejadas desde la intimidad, que Vásquez lo hace con mano maestra.
Excelente novela para empezar a comprender este fenómeno, que aun sigue y seguirá siendo leitmotiv de análisis, en este caso de vidas humanas, como corresponde al territorio libre y extenso de una novela con mayúscula.

El ruido de las cosas al caer.Juan Gabriel Vásquez.Premio de Novela Alfaguara 2011. Editorial Alfaguara.259 páginas. 41.000 pesos

Un jugoso debate: La escritura entre dos aguas

Literatura y opinión

Héctor Abad, columnista y escritor, autor de El Olvido que seremos.

William Ospina, poeta y escritor, autor de El país de la canela.

Abad sufre escribir una columna, y no escribir ficción.

Correa atento mientras Ospina responde

El público muy concentrado en las opiniones de los escritores.

Jugoso debate La escritura entre dos aguas: Literatura y opinión.fotos y texto:Marcelo Del Castillo.

En un recinto que lleva por nombre Tomás Carrasquilla,atiborrado de público convocado, se dió un toma y dame para debatir las ansiedades de lo que se llamó Escritura entre dos aguas:Literatura y opinión.
La moderación capciosa y ponderada de Juan David Correa, ya había abierto fuegos cuando llegué para a hacer este sucinto recuento basado más en las expresiones sueltas que mi memoria alcanzó a grabarlas.
Cuando veía a estos dos pesos pesados del quintacolumnismo disertador colombiano,Héctor Abad Faciolince y William Ospina, se me venía a la mente como es un debate cuando son las ideas de dos intelectuales lúcidos cuya pasión más encedida son leer y escribir, tratando siempre de opinar de lo divino y humano de lo que tienen de complejo y angustioso la realidad colombiana, ya cargada de complejidad, donde lo más normal es normalizar lo anormal.
En su tono de seminarista aplicado, Abad dijo que su ansiedad se transforma en mal genio saber que el día jueves debe sentarse a escribir la columna que aparecerá en El Espectador del domingo.Su familia sufre esta especie de neurosis semanal por tratar de escribir bien su columna.
Ospina no siente mayor sensación de angustia, simplemente la escribe porque se impone opinar sobre temas literarios, así que la actualidad escasamente la toca, aunque si le preocupa el devenir de esta nación atormentada de tantísimos problemas.
Abad siempre busca que sus cuatro mil caracteres esten redondos como un brevísimo ensayo.Ospina se aplica a la verificación de algún dato histórico.
Después era ineludible pasar a hablar de los columnistas que leían o si estos influían en su análisis.Abad nombró a un columnista de The Guardian que se me escapa su nombre. De los nacionales mencionó al gran columnista Caballero.Por supuesto, que leía por masoquismo a otros columnistas que son como muñecos de un ventrilocuo que desgobernó durante ocho años esta sufrida nación.
Correa les preguntó si alguna vez el periódico los ha censurado.Abad dijo que nunca ha sentido esa presión al tocar temas sensibles o delicados, por el contrario ha sentido una total libertad de expresión.
Ospina señaló que la censura como tal no ha sentido pero si la autocensura que se imponían muchos columnistas al saber que trataban temas candentes que iban a suscitar debates.Además él, recalcó, poco analizaba temas nacionales de la coyuntura política.Expresó, entre tantas cosas que uno y otro dijo, que en este país hay que hacerle un juicio histórico a la dirigencia política y también a la ingeniería colombiana por el estado de las carreteras que son lo mismo que hace cincuenta años: derrumbes en las vías.
Correa les preguntó cómo veían el país desde hace seis meses, en clara referencia al cambio de gobierno.Abad uso un símil edificante: Colombia se parece a las plazas de sus pueblos de Colombia. Las cantinas le suben el volumén a su música para no hacer oir a la de su vecino, y le suben tan alto todos después que nadie termina oyendo nada y sólo se siente un ruido que ensordece a todos.Los aplausos no se hicieron esperar.
Fueron cerca de hora y media de preguntas de Correa y respuestas rápidas y sugerentes de cada columnista: Abad y Ospina que se caracterizan por ser consecuentes como intelectuales, poner a pensar a sus lectores siempre.

El lanzamiento de un dromedario

La soledad del dromedario de Daniel A.Villabón Borda, también llamado Roberto Balbastro

Jorge Eliecer Pardo, uno de los jurados, preponderó la calidad literaria de ésta novela corta, en lista de espera para leer y reseñar aquí. Isaías Peña leyó su prólogo de la edición.

Un acucioso lector ya la leía, mientras el autor trataba de decir algo, pues su parquedad de palabras, la solventa con lo literario.

Leyó el texto que le inspiró escribir y leernos a todos.

Sus amigos y cómplices de letras, como dijo el joven autor.

Jorge Eliecer Pardo está muy atento a la lectura del texto del joven autor, mientras Isaías Peña no parpadea, que subrayó que el texto de la novela se sale de lo que pueda llamarse literatura colombiana, si es de narcos, asesinos, guerrilleros y las historias de secuestrados y el memorialismo de testimonios criminales como el traquetismo político y altanero de los últimos ocho años, digo yo.