Óscar Collazos, que estás en los cielos...

Un escritor solamente se muere cuando cae en el olvido. Sé que por su desaparición física, que nos deja un enorme vacío de sus columnas, va a lograr que varias de sus obras se lean, se relean...







Tengo un recuerdo nebuloso con su volumen de cuentos, El verano también moja las espaldas. Lo leí en esa etapa  primigenia y formadora de la adolescencia ávida de lecturas, y me gustó. Desde entonces lo he seguido como lector voraz, a ver qué nuevas literarias nos trae su prosa muy productiva. 
En función de que cambié mis intereses creativos de guionista, pasándome al predio de los escritores, me dio por leermele casi toda su obra, porque desde esa nebulosa lejana de la adolescencia, su fosforescencia literaria me  obligaba reelerlo. Entonces hice el trabajo lector de irme de adelante hacia atrás, es decir, seguí con la última obra publicada, que para entonces 1999, hacía su incursión en la novela negra con La modelo asesinada. Asistí, años después, a un debate relámpago, como todos los que se dan durante la feria del libro, donde él estaba al lado de Paco Ignacio Taibo II, Nahum Montt, donde precisamente se trataba de debatir ese formato que en las últimas décadas a tomado rumbos de boom mundial para tratar de esclarecer el lado oscuro de la sociedad y el individuo. 
Yéndome atrás, como ya era una figura pública, recuerdo haberlo visto, como cualquier hijo de vecino, en la fila para entrar a ver, en el desaparecido teatro Embajador del centro(hoy sobrevive como multiplex de salas) la última película de la saga del El padrino.
Otra vez coincidimos por esos azares de las simetrías de la realidad, durante la enésima feria del libro, ojeando de ojos, y hojeando de hojas, libros en promoción en el pabellón de Panamericana. Recuerdo que lo seguí y el libro que compró fue La pianista de Elfriede Jelinek, que resulta que ese mismo año, 2004 fue Premio Nobel. Les recuerdo que el libro de marras estaba en cinco mil pesos, como la feria es en abril, y la concecusión del premio Nobel se hace en octubre, ese  libro en la feria siguiente, ya costaba treinta y seis mil pesos. Cosas de las acciones que logra el premio Nobel. García Márquez, estaba traducido a 16 lenguas desde la publicación e impacto mundial de Cien años de soledad. Con el premio Nobel de 1982, se lo incluía a treinta y dos lenguas. Manes de los premios Nobel.
Collazos cobró permanencia por sus columnas muy redondas acerca de los temas que a él le daban la gana comentar y opinar, que suscitaban debate. Hasta querellas por calumnias le tocó capear en Cartagena. Recuerdo que cerró durante el Uribato maldito, la sección de comentarios porque el furibismo ramplón, de unanimismo grosero y fundamentalista lo señalaba tontamente como un auxiliador del terrorismo. Esos ocho años nefandos del maldito Uribato le inspiraron escribir Señor Sombra.
Un escritor solamente se muere cuando cae en el olvido. Sé que por su desaparición física, que nos deja un enorme vacío de sus columnas, va a lograr que varias de sus obras se lean, se relean...

Leer por leer

Tengo un afecto muy especial por Cervantes; después de todo es el escritor que dividió la literatura, y según Kundera, a quien debemos rendir cuentas en  los asuntos de la novela y de las historias que cuentan las novelas

Hermanos de tinta de Nahum Montt./Alfaguara
Nahum Montt, escritor colombiano, autor de Hermanos de tinta.


Se me acusa de ser un lector enfermo de lecturas, una especie de adicción, que va de la mano a la del escritor enfermo, es decir del escritor ágrafo, que ya no puede dejar de escribir porque está enfermo de literatura: escribir por escribir; hablar por hablar; leer por leer…
Tengo un afecto muy especial por Cervantes; después de todo es el escritor que dividió la literatura, y según Kundera, a quien debemos rendir cuentas en  los asuntos de la novela y de las historias que cuentan las novelas.

Cuando le entré  al ejercicio de leer por leer con la novela Hermanos de tinta de Nahum Montt. Tengo los buenos antecedentes de este escritor colombiano, con su novela El Eskimal y la Mariposa, que sigue siendo para mí una de las mejores novelas negras escritas hasta ahora  en esta Colombia de impunidades y magnicidios, uno detrás de otro. Después   leí  Lara, donde nos cuenta cómo un ministro  queda solo y desamparado ante las fuerzas desatadas del crimen. Otro magnicidio, que dividió en dos la historia criminal del país colombiano.

Y me puse en situación de lector adicto a las lecturas. El texto de marras, Hermanos de tinta está construido desde la anécdota histórica que Cervantes y Shakespeare se encontraron alguna vez en Valladolid durante la celebración del tratado de paz entre Inglaterra y España, en 1605. Hasta allí se vuelve creíble la anécdota de juntar a estos dos escritores que dividen en dos las literaturas de los dos idiomas como las temáticas respectivas de sus obras en sus países y lenguas.

Pero cuando uno se adentra en la trama del texto, se siente la modernidad del lenguaje del presente de hoy, porque el autor resolvió que había que contar con sus modismos, con el adobo de uno y otro giro de esa época endiablada de picaresca. Cuando uno,  más o menos, conoce algo de la obra cervantina, de su capacidad de escritor, se halla en un berenjenal de citas con sus obras, de personajes salidos de sus textos, los cuales el propio autor, nos da claves para entender el farrago de una trama salpicada con frecuentes alusiones cervantinas como extendidas también de citas a novelas negras y recreando sus tramas históricas. Como es el caso de El halcón maltés. Esto me hizo recordar a otro escritor argentino, Ricardo Piglia, que dice que se puede escribir una novela a partir de citas, lo cual no es la pretensión de Hermanos de tinta, al contrario, el autor recrea un tiempo  especial de España cuando el imperio muestra los signos más puros de la decadencia que se avecina, o está en el fermento de un tiempo muy oscuro del cual Cervantes se convierte en personaje literario.

Y aquí es donde entra la Historia, la secuencia de los hechos históricos que roza la trama cervantina de Hermanos de tinta, que al autor no le interesa decir o hacer decir, se interesa más por el elemento de lo humano, recreando las desdichas, avatares y vicisitudes del escritor convertido en personaje literario, cruzado de angustia existencial, donde su ejercicio de escritura está casi negada, ya metido en una trama criminal y negra total, pues sobrevive y convive entre gentes de baja estofa, malandrines, putas; de hecho sus dos hermanas son unas redomadas ejercedoras del oficio más antiguo del mundo, que lo asistieron y cuidaron y fueron estafadas; al fin de la misma familia tenían que cuidar a su hermano de sangre, ya no de tinta; este es el inglés que cuando se encuentran uno frente al otro, cara a cara los dos escritores y se dicen verdades como las  que deben decir los escritores, que es la pretensión más esencial de toda novela: decir algo verdadero y humano de estos dos personajes convertidos en elementos propios de la literatura al nombrarlos como hombres de papel.

La trama no es fácil para el lector acostumbrado con urdimbres correctas y edificantes. Todo lo contrario, el autor se planteó escribir un texto en ejercicio de sus más caras  licencias de imaginación, donde   más  se cuentan  como verdades, que a veces la historia no nos dice bien como haya ha sido de perfecta y humana la historia de vida de este escritor que nos legó la modernidad de la novela. Shakespeare está algo opaco, a pesar que desde el principio aparece como el inglés pendenciero y muy malhablado en el perfecto idioma de Cervantes dice todos los improperios e imprecaciones que puede decir contra los españoles y los hermana en su propia tinta: la imaginación.

Hermanos de tinta. Novela. Nahum Montt. Editorial Alfaguara.2015. 221 páginas.

Eduardo Galeano, que estás en los cielos

Tenía una profunda conciencia social, y eso se ve desde su libro testimonial Días de amor y guerra, un elocuente testimonio de sus años de periodista vinculado al compromiso ideológico a la izquierda
 
Eduardo Galeano, un escritor comprometido.

Ha pasado mucha agua bajo el puente del tiempo y son largos años desde que en el Magazin Dominical suplemento literario de El Espectador leí con fruición, un ensayo suyo, donde la frase memorable era no hay que leer para dormir sino para despertar. Desde entonces sus libros pasaron a convertirse en cierta biblia donde cuenta de los depredadores  y tropelías que han visto a estos países como Las venas abiertas de  América Latina, cuyos detractores aún perviven por considerarlo un escritor panfletario. O sea, hoy sería un escritor políticamente incorrecto y equivocado, según estos tiempos tan funestamente consumistas de todo orden. Fue un escritor comprometido, considerando que al calor de los tiempos esta palabreja condicionaba entonces si se estaba con el pueblo proletario y sus ilusiones y sueños de igualdad, que su prosa está cargada de deseo transformador en el potencial lector de sus escritos. Tenía una profunda conciencia social, y eso se ve desde su libro testimonial Días de amor y guerra, un elocuente testimonio de sus años de periodista vinculado al compromiso ideológico a la izquierda, y que de seguro le tocó como a muchísimos intelectuales de izquierda salir de su país, que es como abandonar en horas de su propia casa porque el vecindario se volvió insoportable por la intolerancia y la represión que conllevaron en esos años de dictaduras muy sangrientas que sufrió su patria Uruguay como las del cono sur continental.

Donde mejor lo hallé como verdadero escritor cuando escribió unas prosas selectas sobre fútbol donde compartimos esa pasión borrega de sufrir por esa pelota que rueda  y los malestares y derrotas o triunfos que sufrimos casi a diario.

En la última época estaba casi olvidado, pero el presidente Chávez, en un encuentro de cumbre desempolvó un ejemplar de Las venas abiertas de  América Latina, la obra que le entregó a Obama como testamento de los abusos del imperialismo y el libro se vendió como pan caliente. Sobre todo en los más jóvenes que están tan alienados por la tecnología de la actualidad del presente, y niegan el pasado, o simplemente desconocen y son jóvenes deseosos de saber y hallar su pie en este mundo de competencias y consumo donde Galeano acertó con sus últimas frases memorables.

Y suena como frase manida y reusada por un innúmero de opinadores y comentaristas de ocasión: el mejor homenaje a un escritor que nos deja, es leerlo, releerlo para degustar su prosa y su compromiso social, que en caso de los escritores de raza, si sigue vigente su obra que no es otro que  la vigencia de su literatura. El tiempo, esa dimensión convencional para contar los días de nuestras vidas lo dirá...

Los libros que leí enteramente en 2014

Este listado no pretende más que contarles a los invisibles lectores, mi verdadera pasión: la lectura constante, diversa y de la más pura lúdica
Memoria bibliográfica del año de 2014, memorable porque Gabriel García Márquez  pasó al Panteón de la Inmortalidad.


Cielo parcialmente nublado es una novela regional, en el mejor de los sentidos: pretende contarnos la locura del padre del narrador; me refiero de quien cuenta esta historia entre Manizalez y Madrid, España. Como telón de fondo social, está ambientada en los diálogos del Cagúan, entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Pastrana.  Debo aclarar, que no alcanzó a angustiarme, como sí lo hace en el padre, que se corre algo al pretender vender la casa e irse de Colombia, porque Pastrana, entregó el país al comunismo, dice. Lo mejor de la novela: Los díalogos entre los personajes, muy coloquiales de allá como de acá...
Saide, es más provocadora, ambientada en Buenaventura, un relato negro cuya continuación según el propio autor, es Destinos intermedios.
Octavio Escobar Giraldo, escritor colombiano de Cielo parcialmente nublado y su saga negra, Saide. Publicó Destinos intermedios, yo sin leerla.






Rojo sombra es una novela ambientada en las alcantarillas bogotanas, con el sindrome del zombie, o el zombismo que hoy por hoy es una fiebre espantosamente universal derivada de las películas de zombies. Bien narrada, aunque en un ritmo muy retórico y de reflexiones. Bogotá y su oscuridad, es el trasfondo de esta historia de amor.
Gabriela Arciniégas, escritora colombiana de Rojo sombra.





Tomás González tiene una voz narrativa, que la ido afinando en transcribir su impronta basada en ese coloquialismo apaisado. Temporal alcanza un sumun de esta forma narrativa.Una muy buena novela que nos cuenta las visicitudes y rencores de unos hijos drogos y una madre loca junto a un patriarca muy venido a menos en su hábitat existencial. El ambiente del mar y el turismo clasemediero del interior del país, se refleja muy bien en esta novela.


Tomás González, escritor colombiano de Temporal.

Miguel Ángel Manrique ha construido una voz singular con una excelsa concisión de economía de palabras, para contarnos el apocalipsis de un país acabado, -una cruda y dura metáfora de Colombia-y sus penuarias en unos sobrevivientes en el relato fragmentado de Ellas se están comiendo al gato. Para mi lo mejor que he leído de la literatura colombiana actual.
Miguel Ángel Manrique escritor colombiano de Ellas se están comiendo al gato.




Gabriel García Márquez y todos sus cuentos embrujadores, sobre todo aquellos primerizos, donde se sienten las influencias de sus maestros: Hemingway,  Faulkner y resonancias rulfianas hasta alcanzar la plena voz barroca de Cien años de soledad.  La novela corta, o nouvelle como dicen los franceses, El coronel no tiene quien le escriba satisfizo mi ansía de aprender a escribir como él pero sin él.Un homenaje perenne a su desaparición pero que sigue vivo entre nosotros con sus narraciones fascinantes tan parecidas e iguales a la vida misma.
Gabriel García Márquez, escritor colombiano, autor de El coronel no tiene quien le escriba.


Arrecife es una novela poderosa que sustenta varias líneas de historias mexicanas. Además, con un agregado: hacer de un hotel de cabañas, un lugar donde se relizan simulacros de violencias, secuestros, como si fuera en la vida real, para satisfacer el aburrimiento de los turistas yupis del primer mundo. Excelente novela con puntuales diálogos, cargados de lírismo.
Juan Villoro, escritor mexicano de Arrecife.





Vastas emociones y pensamientos imperfectos es una novela con un ritmo trepidante, donde un realizador de cine, quiere poner en escena Caballería roja de Isaac Babel. Es el pretexto que utiliza Fonseca para contarnos los problemas de uno y otro arte: el cine y la literatura. Lo mismo que su Brasil profundo y carioca, con pinceladas de la Guerra Fría y el estalinismo. Es una relectura, pues este año será obligado releerselo en su obra maestra El gran arte.
Rubem Fonseca, escritor brasileño de Vastas emociones y pensamientos imperfectos.

Los pasos perdidos es una novela que difunde esa tendencia que dió en llamarse lo real maravilloso, que Don Alejo Carpentier dijo que era propio y natural de Latinoamérica.
Cuenta el viaje a la selva de un apasionado de música que busca el origen de la música a través de los viejos instrumentos. Le encargan que traiga instrumentos de la selva venezolana. Emprende el viaje con su amante Mouche (su mujer es artista y sus giras le impiden verla a menudo, por lo que se siente frustrado). Durante el viaje, a medida que se interesa por la vida en la selva se desprende de su amante, y conoce a una joven, Rosario, de la que se enamora. Rompe con su amante y se instala a vivir con Rosario en la selva. Conoce también a un buscador de oro que ha creado una ciudad en la selva. Tiene que regresar a la ciudad porque su mujer lo busca. Logra divorciarse y acude otra vez a la selva para reunirse con Rosario, pero se entera de que se ha casado: nunca pensó que iba a regresar a instalarse de verdad con ella. Por lo tanto, regresa a la selva porque es allí donde se siente más conectado consigo mismo.
Alejo Carpentier, escritor cubano, autor de Los pasos perdidos.



Hotel Savoy, es un relato conciso divertidamente serio sobre un grupo de excombatientes de la Primera Guerra Mundial. Con una prosa clara cuenta las vicisitudes de un sobreviviente, Gabriel Dan, que junto con las historias de unos pasajeros estrafalarios del hotel Saboy, quiere mostrarnos una metáfora de la Europa de su tiempo de la entreguerra. Para volver a leer, porque tiene resonancias kafkianas, surrealistas, oníricas, todas ellas en un tono jocoso del divertimento más puro de Roth, no confundir con Philip, el estadounidense.
Joseph Roth, escritor austriaco de Hotel Savoy.
  
De fábula , es volver a sentir un escritor puro, de raza, que uno se siente bien leyéndolo, porque su prosa de ensayista es lúcida y clara como el agua transparente.En este ensayo sobre los origenes de la fábula. Volver a leer: Si una noche de invierno un viajero sus juegos que involucra la escritura y al lector con la historia del viajero que amplia el marco del territorio de lo novelístico. Sobre todo con su prosa diáfana y lírica. Un gustazo leer, o releer a Calvino.
Italo Calvino, escritor italiano de De fábula, ensayo, y Si una noche de invierno un viajero, novela.

El ayudante  cuenta la historia de Joseph Marti, quien se instala como ayudante en la casa del excéntrico ingeniero Tobler, inventor de máquinas inservibles y caracterizado por un genio despótico y variable. Todo el universo de la novela gira en realidad alrededor de este personaje, que oscila entre la caricatura y el antihéroe trágico. Parece que tiene un tono muy autobiográfico con el autor, que de paso se internó después en un manicomio.
Robert Walser, escritor suizo, autor de El ayudante.

La insoportable levedad del ser, será una novela de leer y reeler porque involucra al pobre lector en toda la trama diablesca de este autor checo, que hace una meditación filosófica o filosofa meditadamente sobre el ser y su más grandes temas: el amor, la traición, la muerte, el adulterio, el matrimonio, y por supuesto, el exilio del que él sufrió también como de la historia y la política. Kundera es uno de mis escritores de culto.
Milan Kundera, escritor checo nacionalizado francés, autor de La insoportable levedad del ser.



Inferno es un thriller puro de literatura de entretenimiento comercial, que tiene sus meritos, porque el autor recrea el principio del poema de Dante Alighieri como sustrato de una persecusión incansable al profesor Robert Langdon,  quien pasa y padece todas las peripecias de la llamada teoría de la conspiración y nos cuenta como si fuera un guía turistico, las peculiaridades de Florencia y Venecia. Me entretuvo muchísmo en una prosa funcional que no dice más de lo que expresa. A la larga fue divertido asumir una lectura betsellera frente a los libros serios.
Dan Brown, escritor estadounidense, autor de Inferno.
El hombre de los círculos azules, es una novela negra de la escritora francesa Fred Vargas, donde un loco pone objetos,  restos de cosas dentro de un circulo azul que dibuja en el piso de las calles para obsesionar al comisario Adamsberg y obligarlo a que toda la guarnción de detectives y policías le pongan atención, y así investigar una serie de crímenes en París.
Fred Vargas, escritora francesa, autora de El hombre de los círculos azules.


El crímen del lago de Qiu Xiaolong cuyo inspector comisario y policía chino Chen Cao, ya lleva seis novelas de este personaje amante de los poemas. La novela es una crónica muy descriptiva de las falencias dramáticas de la contaminación ambiental y del capitalismo más salvaje de la China de hoy. De hecho, el autor vive autoexiliado en los Estados Unidos, pero escribe en chino, y es de una prosa deliciosa, adobada de lúcidos poemas que el investigador lee.Lo recomiendo.

Qiu Xiaolong, escritor chino, autor de El crímen del lago.

Momentos tras Gabo



Gabo que estás en los cielos

Gabriel García Marquez, el hijo del telegrafista.

Desde que supe leer,  Gabriel García Márquez siempre apareció en los renglones literarios de lo que leía entonces en mi formación de lector. Debo ir atrás cuando trabajé de mandadero siendo niño en una casa de huéspedes de provincia de doña Rosalba Castro de Herrera, que fungía como regenta de esa residencia de estudiantes y gentes de provincia que llegaban a residir allí en Bogotá. Había un pasajero gringo que cargaba de un lado a otro la novela Cien años desoledad. Y recordé que de esa novela ya la había visto publicada un capítulo en sus páginas centrales del Magazín Dominical cuando en Ipiales vendía los periódicos nacionales como voceador.
Muchos años después, frente a la fachada de la  iglesia de la Compañia de Jesús, había de recordar toda la obra de Gabriel García Márquez, que cronológicamente ya había leído, pues, por esas fechas se había establecido en Colombia, y dirigía la revista Alternativa. Él empezaba su  época de periodismo militante  y  publicó El otoño del patriarca. Y  yo esperaba al lado de una librería de viejo en Quito la cita que alguien me había puesto  allí que decidió dejarme plantado, y para pasar el tiempo muerto de la espera entré y pregunté si tenía Cien años de soledad. Lo compré en sesenta sucres.
Leí  la novela de un tirón durante quince días intensos en una lectura sin parar en las breves vacaciones de mitad de año. Transcurría 1975. Desde entonces lo he leído treinta y un veces. Puedo describir puntualmente episodios completos de esta novela que me transformó, pues, no habido en esta vida libro con un verbo tan embrujador y fascinante.
Y llamé una mañana a la revista Alternativa para preguntar por el maestro Gabriel García Márquez. Saludé diciendo buenos días, por favor el maestro Gabriel está. No. No ha llegado. Me respondió una voz de hombre muy tranquila. A qué horas llega. Es que quiero preguntarle cómo se escribe un cuento. Miré,  llámelo por la tarde, qué él está y le pregunta personalmente. Gracias y colgué. Después nunca volví a llamarlo.
Pero yo si seguí leyéndolo hasta agotar su obra.  Y puedo decir que sus novelas me deslumbraron con notables excepciones. Por ejemplo, considero La mala hora, una novela menor como  Noticia de un secuestro. En este texto hay mucho afán de hacer reporteria. En definitiva es un reportaje a las volandas. Y considero que hasta la novela negra Crónica de una muerte anunciada es una obra magistral porque rompe con la estructura del esquema policiaco previsible. La novela se convierte en la investigación social de un asesinato que nadie hace nada por detenerlo. Su obra posterior ya tiene la impronta y la fórmula garciamarquiana pero igual lo leí por ese verbo de embrujo que posée toda su obra.
Vivía en Caracas, en 1984 cuando me enteré que Gabriel García Márquez era invitado  del gobierno colombiano por su amigo político y poeta presidente Belisario Betancur, al homenaje que el gobierno venezolano le hacía al Libertador Simón Bolívar, donde Venezuela botó literalmente la casa por la ventana del derroche y fasto para la celebración al Padre de la Patria de cinco naciones.
Hice un detectivismo particular con Gabo, ya me había encariñado y guardaba el ejemplar de Cien años de soledad leído y releído tantas veces para que me lo autografiara. Llegué a la recepción del lujoso hotel Hilton donde se hospedaba toda la comitiva colombiana que asistía al homenaje bolivariano. Pregunté con total desenfado por si habían visto a Gabriel García Márquez, y una linda recepcionista caraqueña me respondió que ya había salido.
En los días siguientes leí una crónica publicada en El Nacional de Caracas, cómo Gabriel García Márquez estuvo en Bello Monte en una arepera comiendo arepas rellenas y hablando de todo un poco con un periodista amigo de nombre Manuel Pulido. Y ya no estaba en Caracas, se había ido junto con la comitiva presidencial colombiana.
Quedé mordido de la frustración y espere tranquilo varios años. Estando otra vez en Bogotá. Además, que yo estrenaba paternidad, le comenté a la madre de mi hija Irene Marcela, que Gabriel García Márquez asistiría al homenaje que la Casa de Poesía Silva, que dirigía la poeta María Mercedes Carranza le hacía al expresidente poeta Belisario Betancur en su  cumpleaños. Transcurría el año de 1993.
Salimos con la mamá que cargaba aún de brazos a Irene Marcela en el mismo taxi desde donde yo pude distinguir el viejo Mercedes negro de Carlos Lleras Restrepo mientras avanzaba en la Carrera Tercera que asistió también a la velada de poesía.
La mamá de mi hija Irene Marcela siguió hacia la casa de una amiga que entonces residía en el viejo e histórico barrio colonial de La Candelaria. Yo me bajé en las inmediaciones de La Casa de Poesía Silva, donde habían sacado unos altavoces y en los alrededores de la calle estaba atestado de curiosos y lagartos a montón entre los cuales me integraba yo. Eran les seis de la tarde. El tiempo pasaba. Releía páginas de Cien años de soledad para entretenerme por la espera. La madre de mi hija Irene Marcela llegó  a las horas con la niña que dormía. Y vimos llegar el Mercedes negro de Carlos Lleras Restrepo. Lo cual no me equivocaba que asistía también al homenaje del poeta y colega expresidente Belisario Betancur. El frio hacía estragos por la espera en la calle llena de curiosos y nada. Pero hacia las diez de la noche dos motorizados asomaron sus luces de escolta y apareció detrás un Mercedes blindado color café de donde bajó Gabriel García Márquez junto con Mercedes, su esposas que fueron recibidos por María Marcedes Carranza. La madre de mi hija Irene Marcela se puso a un lado de la puerta de entrada, y Gabriel García Márquez al verla dijo es una niña. Mientras tanto yo me acerqué a doña María Mercedes Carranza con el libro Cien años de soledad en la mano y le pedí el favor de ser posible decirle al maestro García Márquez de un autógrafo. La poeta captó rápidamente que nosotros dos éramos los padres de la criatura y  escoltados por dos guardias corpulentos a los que les hizo señas de dejarnos seguir entramos al patio de la casa. Irene Marcela, la bebé se despertó, y había una joven bastante gomela que al ver a la bebé despertarse,  empezó a  decir una y otra vez, es que es perfecta, es perfecta. María Mercedes Carranza buscó a Gabriel García Márquez. Yo miré que los asistentes era la crema y nata de la mentada oligarquía colombiana, poetas de la alcurnia, renombrados políticos y gente del montón como mi mujer y yo pero Irene Marcela, la bebé, causaba cierta curiosidad entre tantos adultos. Entonces Gabriel García Márquez llevado por María Mercedes  Carranza me pidió el libro, al abrirlo vio que le había pegado una estampilla que le sacó Adpostal en Homenaje al Premio Nobel de 1982.  Yo nunca pude tener una de estas estampillas, dijo  al ver pegada la estampilla. Yo pensé en mis adentros que yo no iba a despegar la estampilla para dañar el libro para darle gusto al Nobel. Preguntó que cómo se llamaba la niña, Irene Marcela, le dijo la mamá. Entonces escribió “Para Irene(la paz) Marcela de su padres felices” Gabo. Le recibí el libro y pude verlo que estaba algo ebrio. Mercedes, su esposa, se acercó y se lo llevó hacia otro grupo. María Mercedes Carranza, nos dio a entender que ya habíamos obtenido el autógrafo, así que abandonáramos. Salimos contentos con el autógrafo. La madre de la niña, decía una y una vez cómo supo él que era una niña. Cómo lo supo.
Por esa misma época la embajada de México montó un local de librería, restaurante y almacén de artesanías en la denominada Zona Rosa que se llamó Casa de México, en Bogotá.. De tanto en tanto iba allí a curiosear. Por esos días sabía que Carlos Fuentes, amigote y compadre de Gabriel García Márquez acababa de publicar uno de sus tantos libros y andaba de gira internacional promocionándolo. Un par de periodistas del diario El Espectador le hacían una entrevista. Prevenido busqué entre los libros de mi personal biblioteca y busqué Aura, una novela breve magistral de Fuentes para el consabido autógrafo. En una mesa el novelista mexicano daba su opiniones de esto y lo otro, que yo recuerdo que decía una y otra vez que el tiempo es cabrón. Cuando los periodistas terminaron la entrevista, le pedí que me regalara el autógrafo, se sorprendió de hallar una edición tan vieja de editorial Era, y de cariño me regaló dos libros de sus discursos. Yo me quedé contento y seguí allí en la librería viendo libros de sicología infantil. De pronto sentí al lado  una sombra, al regresar a ver, observé que era el maestro Gabriel García Márquez, y al descubrirlo le dije, Usté por aquí Maestro. El dijo, No ve que estamos en Macondo. Yo le iba a decir que si, por supuesto que estamos en Macondo. Y un chaperón  sapo con la cabeza totalmente rapada se acercó y se lo llevo del  brazo hacia el interior de la casa. Esos fueron mis momentos tras Gabo.
El libro de Cien años de soledad, alguien se lo alzó entre tanta trashumancia de desarraigo urbano metido en esta ciudad de los espejismos: Bogotá, el páramo alucinado.

El año literario de 2013 de un fatigado lector

Memoria bibliográfica de un año leído


Todas las ramas  del árbol bibliográfico con sus libros.

Empiezo por decir que leo profusamente, porque escribo. Buscó ver en la lectura cómo los escritores resuelven asuntos propios del relato, la trama, la estructura con unos personajes que se dicen imaginarios y trasladan  y  reflejan actividades de seres humanos en  este oficio de soledad. Confieso que la lectura es más grata y placentera que la propia actividad creadora de la escritura, pero si a uno lo eligió el tema le toca sentarse y escribir, así se caiga el mundo porque ese es el destino del escritor: producir obra.
Rubem Fonseca dice que el lector fanático se transforma por destino en escritor. No se equivoca porque eso soy: un escritor. Y como estuve escribiendo una novela primeriza sugerente de situaciones de humor y amor y sexo y crimen y lesbianismo: un thriller notabilísimo;cuya redacción estuvo marcada de contratiempos, inconvenientes, crisis emocionales,-la muerte de mi madre-, no hay escritura sin dolor, paros laborales. 
No sé aun si logré lo que buscaba: crear un ámbito literario propio y genuino, a partir del texto con unos personajes nada edificantes pero profundamente humanos. La novela me enseñó, pidiendo a gritos que me concentrara  sólo con ella, con dedicación como si fuera mi personal religión.  Le dediqué las mejores horas, más que a la propia lectura incesante de otras novelas de autores consagrados como de aprendices como yo. 
Cuando sea un texto impreso, como pidió dejar obra don William Faulkner, la conocerán. La novela de marras se llama El sueño del perro.
El sueño del perro, mi ópera prima de novela.¡Por fin!
Una verdadera joya de relatos titulado Grieta de fatiga de  Fabio Morábito, mexicano de  adopción se lleva todas mis palmas de aplausos porque resuelve situaciones desarrolladas desde la perspectiva de las historias con una prosa seca pero lírica. Para mi es el libro del año, porque lo recuerdo vivamente.  Dediqué una de las poquísimas reseñas que hice.
 
Fabio Morábito, autor mexicano  de Grieta de fatiga.


Horacio Castellanos Moya es un escritor centroamericano de origen salvadoreño que ha vivído en Costa Rica, Honduras, Guatemala, México. Ahora parece que se radicó en EEUU. El ha construido su obra narrativa sobre un núcleo violento- qué país latinoamericano ha estado ajeno a estos avatares de la sangre desde la Independencia. Su novela La sirvienta y el luchador, nos muestra esa dura, dolorosa saga violenta entronizada como un cáncer que parece hacer metástasis, pero que sigue reapareciendo. Dura pero necesaria actividad de escribir en la violencia porque sabe por dónde van los tiros.
Horacio Castellanos Moya, autor salvadoreño de La sirvienta y el luchador.

Rodrigo Rey Rosa posee una prosa dura, seca pero muy lírica también en la novela breve Severina, donde nos cuenta una hermosa historia de amor centrada y en complicidad literaria con los libros desde una ladrona cautivante. Fascinante lectura.
Rodrigo Rey Rosa, autor guatemalteco de Severina.


México está hoy atravesado socialmente por el fenómeno violentísimo y sanguinario y por supuesto sangriento del narcotráfico. Élmer Mendoza ha creado un detective, el Zurdo Mendieta, donde en esta novela, Nombre del perro trasmuta esa realidad violenta con salidas de humor negro y cinismo. Imprescindible para comprender el fenómeno narco mexicano.Tras resolver los complicados casos narrados en Balas de Plata y La Prueba del Ácido, el detective Edgar "el Zurdo" Mendieta tendrá que sumergirse de nuevo en las redes del narcotráfico para ayudar ni más ni menos que a Samantha Valdés, jefa del Cártel del Pacífico. Y es que Valdés ha recibido un duro golpe: durante una reunión con otros jefes del narco para pactar una tregua que le siguiera el juego al Estado, han asesinado a su amante. Ahora busca venganza. Mendieta acepta ayudarla, sin imaginarse la maraña de sospechosos que lo conducirá a espacios de poder con los que ni siquiera había soñado. Mientras tanto, encontrará tiempo para investigar el asesinato de un dentista, enfrentar una acusación por tortura, "convivir" con su hijo Jason y reencontrarse con la madre de este, Susana Luján, a quien ha seguido desde Los Angeles un marine que la pretende y con quien el Zurdo saldará cuentas.Acompañado de Gris Toledo, su leal y cada vez más perspicaz ayudante, el Zurdo deberá infiltrarse en lo más hondo y oscuro de la "guerra contra el narco", sus figuras, sus traiciones y sus pactos.
Élmer Mendoza, autor  mexicano de Nombre de perro.


Otro libro completo que leí fascinado fue El hombre que amaba los perros de Leonardo Padura Fuentes. Sobre la larga mano vengativa del poder del estalinismo en pleno furor revolucionario del bolchevismo y la creación del estado soviético con la persecución y asesinato de León Trosky. Debo la reseña.
Leonardo Padura Fuentes, autor cubano de El hombre que amaba los perros.
Un escritor israelí Amos Oz me dejó tramado con una historia sobre un escritor en  Versos de vida y muerte, una novela donde se cuestiona el papel del escritor y su público. 
Amos Oz, autor israelí de Versos de vida y muerte.
Simplemente el descubrimiento del año es de Aleksandar Hemon escritor bosnio que escribe en inglés. Picotié varias novelas. Debo volver a leerlo con juicio de entomólogo, es decir mirarlo por cada parte de su expresividad sobria pero cruda y directa con calculado humor negro sobre la guerra de su país descuadernado por la guerra Bosnia-Hersegovina, y el sitio de Sarajevo. La novela que leí completa se llama Hombre de ninguna parte.
Aleksandar Hemon, autor bosnio de Hombre de ninguna parte.
Otro descubrimiento de escritor es Gabriel Janer Manila, español que escribe en catálan, se lo traduce al  castellano español y su temática es poderosamente contemporánea y se concentra en literatura juvenil. Dos novelas: Acuérdate de los dinosaurios, y Daniel y las brujas salvajes.
Gabriel Janer Manila, autor español que escribe en catalán literatura infantil
Otro escritor centroaeuropes, se llama Slwomir Mrozek. Polaco para más señas. Una deliciosa colección de relatos llamada La vida difícil, donde se burla con parodias sobre la vida en su país sitiado por el estalinismo del fracasado comunismo.
Slwomir Mrozek, autor polaco de La vida difícil.
J.K. Rowling escribe para leer despacio pero no me descrestó su bestseller Una vacancia imprevista. Otro libro obligado.
J.K. Rowling, autora inglesa de Una vacancia imprevista.
De las lecturas oficiosas, ociosas del Café Literario Bibliófilos, se destacan El anatomista del escritor argentino Federico Andahazi, una novela sobre el descubrimiento del kleotoris, en plena Edad Media, que sirve al autor para realizar una reflexión libertaria sobre la represión política extendida a lo sexual. Me divertí muchísimo.
Federico Andahazi, autor argentino de El anatomista.
De las lecturas notables brilla Las intermitencias de la muerte de José Saramago. Una novela sobre la extinción de la muerte donde esta decide dejar de obrar. Este escritor portugués vuelve a poner en situación sus facultades sociales y filósficas para reflexionar si un día la muerte no ocurre qué ocurría en la finitud humana: más viejos pero más achacosos con la desesperación para que vuelva a obrar. Una novela excepcional.
José Saramago, autor portugués de Las intermitencias de la muerte.
Volver a leer Crimen y castigo, afiló el conocimiento sobre lo oscuro que guardamos cuando aparece en nosotros un potencial criminal. Definitivamente Fiódor Dostoyvesky, un clásico eterno.
Fiódor Dostoyevski, autor ruso de Crimen y castigo.
Leer a Patricia Highsmith es siempre inquietante: su prosa a ratos anodina, donde guarda sorpresas con la creación de su personaje amoral Tom Ripley, que leímos El talento del señor Ripley, y encontramos las influencias dostoyesquianas y amorales y criminales de su personaje de esta saga. Perturbadora la estadounidense.
Patricia Highsmith, autora estadounidense de El talento del señor Ripley.
David Markson es un escritor raro, en el sentido que dejó dos libros construidos a partir de citas literarias como de información íntima y datos de otros escritores clásicos como famosos pintores. La novela, si se le puede decir así, La soledad del lector es un ejemplo de erudición tramadora con dos personajes El Lector y El Protagonista. Se lee como un ensamble o un collage. Fascinante lectura.
 
David Markson, autor estadounidense de La soledad del lector.
 

Amélie Nothomb, una escritora que basa su escritura de alto vuelo lírico en su fecunda autobiografía de su paso por distintos países, pues es hija de diplomaticos belgas. El sabotaje amoroso describe con ironía muy lírica los amores de dos niñas fecundamente lésbicas.
Amèlie Nothomb, autora belga de El sabotaje amoroso.

Milan Kundera será siempre uno de los escritores que tengo de culto, y su novela El libro de la risa y el olvido es de los libros que más quiero de su producción literaria. Me cautivo desde cuando leí  por primera vez, donde cuenta como un estado y su omnipotencia tan poderosa y absorbente sobre el ser humano decide cambiar la historia y borrarlo, desaparecérselo. Me impresionó  pensando en una ficción. Pero la mano maestra de la sabiduría literaria de Kundera  nos sumerge en la propia historia de su país y esa posibilidad humana de borrar para así cambiar la Historia. Pero no es posible, porque como dice Mirek: La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el ol­vido. Además, esta novela es ejercicio de tono  donde toca temas, que después va a desplegar hasta su últimas consecuencias literarias en su novela inolvidable La insoportable levedad del ser.
Milan Kundera, autor checo de El libro de la risa y el olvido.

Veit Heinichen es un escritor alemán de novela negra. Leí dos de su saga de novelas policiacas: La muerte en lista de espera, y A cada uno su propia muerte. Me gusta.
 
Veit Heinichen, autor alemán de novela negra.

Manuel Rivas leí: Los libros arden mal. Pero su libro de cuentos ¿Qué me quieres, amor? sorprende por la economía de palabras y la sugerencia poética. Excelente escritor español que escribe en gallego. Así mismo la película de José Luis Cuadra basada en tres relatos que integran el largo La lengua de las mariposas.
Manuel Rivas, autor español que escribe en gallego.

Colombia es un país extraño pero mágico. Leí Memoria por correspondencia de Emma Reyes, una artista que no era escritora y que cuenta la minucia de su orfandad de sus primeros años de penuria de su adolorida infancia. Libro conmovedor. Les cuento que me sacó lágrimas.
Emma Reyes, autora colombiana de Memoria por correspondencia.

Juan David Correa ha venido escribiendo. Tiene una novela que pretende ser una novela negra como es Casi nunca es tarde. Simplemente me gustó. Aquí está mi reseña.
Juan David Correa, autor  colombiano de Casi nunca es tarde.

Piedad Bonnett es poeta y escritora. Sufrió la perdida-el suicidio de su hijo Daniel- Basado en esta dolorosa experiencia construye un testimonio poético pero también dramático. Lo que no tiene nombre.
Piedad Bonnett, autora colombiana de Lo que tiene nombre.

Laura Restrepo nos entregó, por fin Hot Sur. Es dolorosa sobre los avatares de los inmigrantes latinos y trata de ser un alegato contra el sueño americano. Se le nota su oficio de cronista consumada. Se me hizo: mamotreto.La leí porque cayó en mis manos.
Laura Restrepo, autora colombiana de Hot Sur.

Evelio Rosero, nos queda debiendo su versión sobre Bolívar y sus tropelías regionalistas en la novela La carroza de Bolívar. Simplemente la leí también muy obligado.
Evelio Rosero, autor colombiano de La carroza de Bolívar.

José Libardo Porras Vallejo escribió una novela basada sobre la vida criminal del tristemente célebre Pablo Emilio Escobar Gaviria, llamada Happy Birthay, Capo. Donde recrea la vida trasmutada de este genio del mal: industrial del narcotráfico que puso en jaque a un estado: el colombiano, que se inventó un modo de ser: el traqueto, que sobrevive en cierto personaje paisa aquí innombrable que pretende ser un Mesias  para Colombia. Me gustó está novela colombiana en clave histórica.
 
José Libardo Porras Vallejo, autor colombiano de Happy Birthay, Capo.


Óscar Bustos es un escritor colombiano prestado al periodismo,  y en diciembre lanzó su libro de crónicas Colombia Crónica, donde reúne sus trabajos construidos desde sus cuadernos de campo durante veinticinco años de duras labores de trasiego periodístico, pues su oficio de realizador audiovisual en diversos medios, le ha permitido conocer esta Colombia de contrastes llena de historias.
Óscar Bustos, escritor colombiano prestado al periodismo, con su libro de crónicas Colombia crónica.


Les ahorro las relecturas de Rulfo, García Márquez, Borges, Cortázar, Onetti, ¡Vargas Llosa! Padura Fuentes y su saga del capitán Mario Conde. Caballero, Carpentier;  Bolaño; y por supuesto Fonseca…